sábado, 25 de junio de 2016

Los requisitos de la iniciación

La educación del cuerpo físico
El cuerpo físico es el sustento material de todo el cuerpo humano en su conjunto, y su base se
halla en la alimentación. El vientre es el crisol en donde se producen todos los fenómenos que
permiten la subsistencia del ser humano, y sus acciones y reacciones repercuten en todas las
demás funciones orgánicas. No es preciso citar aquí, la experiencia nos lo enseña a menudo, la
somnolencia y el sopor que nos invaden después de una comida excesiva, la pesadez
subsiguiente a un banquete excesivamente libado.
Por ello, no es sorprendente que una de las condiciones básicas que exija la magia en el mago
sea una adecuada y equilibrada alimentación. Una alimentación que, si se quiere que arroje
todas sus cualidades al resto del cuerpo, no ha de ser excesiva, pero tampoco puede pecar por
defecto. La alimentación del mago (y esto es fundamental) ha de ser equilibrada en grado
sumo, a fin de que se mantenga siempre un statu quo entre la parte física e intelectual: tan
perjudicial es un exceso de intelectualidad (que abocará indefectiblemente en desórdenes
nerviosos) como su defecto (con sus inevitables secuelas de torpor y atontamiento físico). La
alimentación ideal del mago es, por ello, el vegetalismo: un vegetalismo moderado, que, sin
embargo, deberá hacerse más riguroso en los períodos inmediatamente anteriores a la
realización de cualquier acto mágico, como veremos más adelante.
Sin embargo, no basta con mantener simplemente el equilibrio. Es preciso acostumbrar
también a los centros del cuerpo físico (y de retrueque a los de los otros cuerpos, con los que,
no hay que olvidarlo nunca, está íntimamente ligado, con lo que siempre las acciones de uno
repercuten en los otros dos) a un entrenamiento vital dosificado y progresivo, a una serie de
estímulos cuidadosamente elegidos que logren el que, a la larga, los centros de este cuerpo se
habitúen a reaccionar de la forma apetecida a la menor solicitud... que estén siempre alerta.
Esto se logra mediante el uso adecuado y periódico de excitantes materiales, cuidadosamente
escogidos. Entre todos ellos, cuya lista completa sería interminable, destacaremos como los
más importantes el alcohol, el café, el té, y las drogas como el haxix (o haschis), el opio o la
morfina.
De todos ellos es inútil hablar detenidamente, puesto que sus efectos son ya lo suficientemente
conocidos. Sin embargo, sí vale la pena hacer algunas especificaciones: el alcohol, por ejemplo,
tomado dosificadamente, es un excitante rápido, poco profundo y de poca duración... pero
cuyo uso no puede repetirse sin una pausa conveniente entre una y otra dosis ya que, en caso de
segunda dosis rápida, los efectos excitantes son menores, disminuyendo proporcionalmente a la
inversa de la cantidad ingerida hasta terminar, en caso de persistencia, con la embriaguez. El
café es uno de los excitantes más duraderos y poderoso que se conocen actualmente, siendo su
principal centro de influencia el de la sensibilidad. El té puede considerarse, dentro de los
excitantes naturales, en un término medio entre el alcohol y el café, siendo sus efectos más
débiles que los de este último, pero también más prolongados que el primero. Las drogas,
finalmente, no actúan exactamente como excitantes, vía corporal, de las capacidades
intelectuales, como los anteriores, sino sencillamente como amplificadores de la sensibilidad,
siendo las consecuencias de su reacción más peligrosas que las de los demás excitantes por crear
hábito.
En el uso de todos estos excitantes, naturalmente, todos los magos advierten que el neófito
deberá usar de una extrema cautela y cuidar escrupulosamente de su empleo y de las dosis
adecuadas para la finalidad que persiga... prescindiendo en absoluto si es necesario de las
drogas hasta que esté lo suficientemente adelantado para conseguir su control.
La educación del cuerpo astral
Así como el mantenimiento del cuerpo físico está centrado en el vientre, en donde se producen
las transformaciones que nos procurarán todos los elementos que repondrán las energías
gastadas en nuestra constante actividad, el mantenimiento del cuerpo astral, ubicado en el
pecho, se produce a través de los pulmones, por medio del aire que respiramos.
Así pues, el que desee dedicarse a la Magia deberá preocuparse de educar convenientemente no
sólo el cuerpo físico (a través de una adecuada alimentación y un ponderado uso de los
excitantes), sino también y preferentemente el cuerpo astral. Esto último se logra mediante un
adecuado régimen respiratorio. Es sabido, de todo el mundo, que una respiración afanosa y
rápida actúa como excitante de los centros nerviosos, mientras que una respiración suave y
pausada los relaja. Estas variaciones son reflejadas también por el corazón, ya que ambos
órganos -corazón y pulmones- van estrechamente enlazados, sincronizados en sus funciones, de
modo que el ritmo de la respiración se extiende a todo el cuerpo y se refleja en él, afectándolo
en mayor o menor grado, activando o retardando su actividad general. La respiración, con ello,
se convierte en una de las actividades más importantes del cuerpo humano, como lo
demuestran entre otras cosas el que todas las técnicas yoga de autoperfeccionamiento, den
precisamente a la respiración una importancia vital.
Porque el aire, para el cuerpo astral, es el equivalente a los alimentos para el cuerpo físico. Un
buen dominio y un control absoluto de la respiración mantendrán al futuro mago siempre en
condiciones de adecuar su actividad corporal a lo que necesite realizar, "programando" así sus
necesidades de toda índole, tanto las físicas como las astrales, de modo que compensen sus
necesidades intelectivas... manteniendo con ello un perfecto y constante equilibrio.
Y, al igual que los alimentos materiales, este alimento "astral" posee también sus excitantes,
cuyo uso conveniente dará al mago la posibilidad de acrecentar su poder astral. Los excitantes
del aire como alimento astral son los perfumes y las sustancias volátiles como el éter y el
cloroformo, de clara acción sobre los órganos sensitivos humanos.
Hacer ahora aquí una lista de los perfumes que actúan como excitantes del cuerpo astral
humano sería demasiado laborioso y extenso. Citemos solamente algunos, como puede ser el
almizcle, cuya acción es equiparable al alcohol con respecto al cuerpo físico; el incienso, que es
un poderoso excitante intelectual; y principalmente el humo de tabaco, cuya acción principal es
instintiva. Todos ellos, empleados en los momentos y medidas convenientes, producen los
efectos excitantes requeridos de ellos; empleados en demasía, producen efectos tan perniciosos
como los de los excitantes materiales: el éter, y, principalmente, el cloroformo, por ejemplo
(que en el plano astral sustituyen al alcohol en el plano físico), tienen los mismos efectos que
éste, si bien su "borrachera", que va acompañada de una completa insensibilidad, es casi
instantánea, mientras que la del alcohol es lenta y progresiva.
La educación del cuerpo espiritual.
Pero el futuro mago no solamente ha de aprender a mantener una "dieta" (si es válida la
palabra) que le permita desarrollar al máximo sus aptitudes físicas y astrales, sino que debe
supeditar todo esto -tanto su cuerpo físico como el astral- a su psique, a su voluntad... a su
cuerpo espiritual. El futuro mago ha de aprender a saber dominarse por completo. Por ello, ha
de seguir desde un principio una serie de normas que le ayudarán a mantener este dominio de
su cuerpo volitivo sobre sus demás cuerpos: ha de aprender a "gustar" de toda clase de
alimentos, aunque no sean demasiado agradables para su paladar; ha de acostumbrar su olfato a
todos los olores; no sentir repugnancia ante el tacto de ninguna sustancia, por fría,
desagradable o viscosa que sea; ha de escuchar toda clase de música, no solamente la que le
plazca a su oído; ha de recrear su vista con las cosas hermosas, pero también habituarla a las
cosas desagradables... habituar todos sus sentidos, en fin, a todo lo que nos rodea, y habituar
también con ello a la voluntad a no reaccionar desagradablemente ante ninguno de ellos, por
repugnante que pueda parecerle.
Puesto que, así como la comida es el alimento de nuestro cuerpo físico, y el aire que respiramos
el de nuestro cuerpo astral, las sensaciones que recogen nuestros sentidos y son transmitidas a
nuestro cerebro constituyen nuestro alimento espiritual, nuestro alimento psíquico. Y es preciso
saber dominar, dosificar y seleccionar este alimento que llega a nuestro intelecto, para hacer uso
de él en la forma más conveniente a las necesidades del momento... lo cual sólo puede
conseguirse a través y tras una larga práctica y un cuidado proceso de habituación.
Claro que este alimento, como los anteriores, tiene también sus excitantes. Los excitantes del
alimento intelectual son todas las cosas que despiertan en nuestra mente unos sentimientos más
intensos de lo habitual. Nuestros sentidos -y las sensaciones que estos sentidos transmiten a
nuestro cerebro- son susceptibles de modificaciones y perfeccionamientos, como lo demuestra
el hecho de que la pérdida de uno de estos sentidos agudice extraordinariamente a los demás.
Los excitantes de los sentidos, bien dosificados, pueden ayudar a un extraordinario desarrollo
psíquico del cerebro: la música (que actúa en una forma triple y simultánea sobre el cuerpo
físico -instrumentos de madera- astral -instrumentos de metal- y espiritual o psíquico
-instrumentos de cuerda); la poesía; la pintura; la escultura; todas las artes, en fin, a través de
las cuales el hombre podrá hallar siempre una elevación espiritual.

Los requisitos de la iniciación
Pero esto aún no es suficiente. Además de la educación completa de sus tres cuerpos, el futuro
mago debe saber sujetar en todo momento estos tres cuerpos al completo dominio de su
voluntad, encaminándolos desde un principio a lo que más tarde serán sus principales
obligaciones mágicas. Papús, a este respecto, y refiriéndose a esta, podríamos llamar,
"educación práctica" (ya que va encaminada a la posterior consecución del acto mágico), define
las tareas iniciatorias del futuro mago de la siguiente manera: "la educación de la mirada y el
uso de los espejos, la educación de la palabra, preludio del estudio de las fórmulas, la
educación del gesto, que una vez fijado dará origen a los pantáculos, y por último la educación
de la marcha y el trazado del círculo mágico, serán objeto de nuestras investigaciones".
¿Y bastará ya con esto? No... aún no. El neófito deberá seguir aún perseverando en todos los
dominios. Lo expresado hasta ahora no es más que una parte de todos los requisitos; no es un
fin en sí mismo, es tan sólo un medio, uno entre los muchos caminos. El neófito deberá buscar,
en estas prácticas, los senderos que le conduzcan a la perfección máxima que puedes alcanzar
en este plano. Porque ésta, la perfección, el autodominio total del cuerpo, es la finalidad última
a la que van encaminados todos estos procesos... en los cuales, hay que hacerlo notar aquí,
pueden hallarse los mismos principios que en las modernas (aunque seculares) doctrinas
orientales de autoperfección, puesto que todas estas doctrinas no son, en realidad, más que
formas orientales de la misma Magia occidental. Sólo cuando el mago haya logrado esta
autoperfección en un grado suficiente podrá dedicarse, entonces sí, a la práctica de la Magia,
sabiendo que podrá llegar alguna vez a conseguir sus propósitos.
¿Los conseguirá realmente? Bien, esto ya es otro asunto... porque, pese a todo, el éxito o el
fracaso no depende únicamente de las aptitudes del mago en sí. La naturaleza, aquí, también
entra en juego... y de una forma mucho más directa de lo que pudiera parecer a simple vista.
La intervención de la naturaleza
Esta afirmación de que no son suficientes las aptitudes personales del mago para practicar la
Magia tal vez decepcionará a algunos entusiastas que veían ya el camino expedito tras una más
o menos intensa preparación corporal y espiritual. Vamos a aclararnos. El factor mago es el
factor más importante de todo acto mágico, y si falla él falla todo. Pero sin embargo no es el
factor único. La naturaleza interviene también.
Volvamos un momento a la Cábala y a la ley de las correspondencias. Hemos dicho que el
Universo estaba formado por tres planos o "mundos", que tenían su correspondencia en el
hombre, en los tres planos o "cuerpos" humanos. Estos tres planos del Universo son el físico,
el celeste o astral y el espiritual: el físico es la naturaleza, el astral es el cielo, y el espiritual es el
ser Supremo de luz. Estos tres principios se corresponden a los tres principios humanos
(material, astral y espiritual), y sus acciones y reacciones afectan por simpatía a todo el
conjunto.
Como también afectan al hombre... del Macrocosmos y Microcosmos. El ser humano, dice
Papús, se halla envuelto en una red de fuerzas tal, que todos sus esfuerzos resultarán estériles si
no sabe aprovechar el instante propicio para poner su voluntad en movimiento. No se trata
pues tan sólo de cómo hacerlo, sino de cuándo. La prueba de esta necesidad de la
"oportunidad" la tenemos en el hecho de que incluso los brujos y hechiceros de las aldeas más
perdidas o de las civilizaciones más primitivas no efectúan sus exorcismos y sus maleficios más
que en determinadas condiciones, en las que saben que sus actos obtendrán los resultados
apetecidos, porque, dicen, entonces es cuando las condiciones son "favorables" o las fuerzas
"propicias".
Ser "propicias" o "favorables": he aquí la frase clave. Todo lo que está arriba está abajo, dice la
Cábala. El hombre es un ser cósmico, está ligado al cosmos. ¿Qué tiene de extraño pues que se
sienta influido por los astros que le rodean? "El fluido astral -dice Papús- que circula en los
seres y en las cosas terrenas, pasa por sucesivos estados de condensación y de disolución, y
dichos estados dependen, según el esoterismo, de la posición que tengan entonces los cuerpos
celestes."
Entramos pues de lleno en los terrenos de la astrología. Pero no se trata aún de la astrología
que todos conocemos, la que predice nuestro futuro leyendo en los astros, sino de otra
astrología más básica, más elemental: La "astrología mágica" como podríamos llamarla. La
astrología que ha de tener muy en cuenta todo mago, independientemente de la astrología
general, ya que de ella depende el éxito o el fracaso de sus operaciones.
Todo gira alrededor del acto mágico
Así, teniendo en cuenta todo esto, y tras largos años de preparación, estudio y práctica, el
neófito en la Magia podrá considerarse ya un iniciado. Entonces, al fin, podrá entrar a formar
parte de la legión de los magos. Sus primeras experiencias, naturalmente, serán tímidas. Sufrirá
muchos fracasos. La realización del acto mágico, su éxito, no es fácil. Pero el verdadero mago
perseverará, no se desanimará, y continuará ensayando hasta lograr conseguir lo que persigue.
El acto mágico: todo gira a su alrededor. Cuatro, hemos dicho, son sus fines primordiales: la
videncia, la proyección del cuerpo astral, la evocación de las fuerzas astrales y la acción sobre
un tercero.
Dentro de estas cuatro finalidades básicas, sin embargo, existen multitud de variantes. Y cada
acto mágico tiene su ritual concreto, en cuyo secreto, el secreto de estos rituales, está el secreto
de toda la Magia. Por eso se mantienen ocultos.
Los requisitos del acto mágico
La realización del acto mágico requiere del mago unas condiciones anímicas especiales, que no
pueden obtenerse sin una preparación. Las fuerzas a desarrollar durante la experimentación
serán grandes, y el mago debe aprovisionar energías y vitalidad para el gran momento.
¿Cómo? Los requisitos son varios. En primer lugar existe la alimentación. El régimen
alimenticio general del mago debe extremarse al acercarse el momento del acto mágico. Nueve
días antes de la operación, nos dicen los manuales, el mago deberá someterse a un estricto
régimen vegetariano, que se reducirá exclusivamente a pan, legumbres cocidas y agua durante
los tres últimos días. Durante los cuarenta días anteriores al acto mágico, igualmente, el mago
deberá mantener una castidad absoluta (ésta si es una castidad con sentido). Y cada mañana,
durante los días anteriores al acto, el mago deberá tomar un baño de agua consagrada... que, en
el último día, y según algunos autores, deberá cambiarse por una ducha, ya que ésta activa y
predispone, mientras que el baño más bien ablanda y relaja.
Estos son los principales requisitos previos. Tras ellos, nuestro mago está ya en disposición de
iniciar sus experiencias...
El acto mágico
Y llegamos así al momento culminante de la vida del mago: la realización del acto mágico. Nos
adentramos en lo más hondo del ritual de la Alta Magia... en aquellos pormenores que
permanecen más ocultos por el velo del misterio.
¿Qué ocurre en el acto mágico? ¿Cuáles son las finalidades que persigue el mago, cuáles son los
medios a través de los cuales opera, cuáles son sus recursos y cuáles sus consecuencias?
Ya hemos dicho que las finalidades del acto mágico son esencialmente cuatro: la videncia, la
salida del cuerpo astral, la evocación de las fuerzas astrales y la acción sobre un tercero. Cada
una de estas finalidades tendré, por supuesto, su ritual particular, y el mago deberá adecuar
estrictamente sus acciones mágicas al fin que desee perseguir.
Pero también, si lo desea, el mago puede, simplemente, experimentar. En realidad, es
recomendable que el mago incipiente, el recién iniciado, se limite únicamente, en sus primeros
contactos con el aún desconocido mundo de la magia, a la experimentación pura, a
los ensayos podríamos llamarle, dejando para más adelante, para cuando posea una mayor
seguridad y dominio sobre sí mismo y lo que lo rodea, los caminos más aventurados de la
magia encaminada a fines concretos, ahondando más y más en estos caminos, según el mismo
vea sus propios éxitos y progresivas capacidades.
De todos modos, los cuatro fines primordiales del acto mágico -por encima de la
experimentación pura y simple, que no tiene mayor cualidad que la de ensayo- siguen estando
ahí, frente a nosotros. Son caminos curiosos y dignos de ser examinados. Vamos, pues, a
adentrarnos en ellos.
La videncia.
Para sus experimentos de videncia, el mago necesita de un instrumento imprescindible:
el espejo mágico.
Los espejos mágicos, nos dicen los manuales, son como ventanas que dan al plano astral.
Forman, dentro del instrumental del mago, uno de los útiles más apreciados, hasta tal punto
que algunos autores los colocan incluso dentro del instrumental general del mago, cosa que
nosotros no hemos hecho por considerarlos, pese a todo, como un instrumento dedicado única
y exclusivamente a un fin determinado, y no un instrumento de uso general. El espejo mágico
es usado únicamente por el mago para sus experimentos de videncia, siendo su utilidad en los
demás casos prácticamente nula.
¿Cómo funciona el espejo mágico con relación al plano astral? Uno de los mejores divulgadores
franceses de los fenómenos mágicos nos ofrece, al respecto, una interesantísima analogía.
Supongamos, nos dice, que en el tabique que separa a dos habitaciones contiguas hacemos un
pequeño agujero. Nosotros, estando situados en una de las dos habitaciones, desearíamos ver lo
que ocurre en la habitación contigua, pero mientras permanezcamos en el centro de la estancia
lo único que veremos será una pared, con un pequeño agujero en el centro.
Pero ¿y si nos acercamos lo suficiente a este agujero? Observaremos entonces que nuestra
habitación, la pared incluso, desaparecen, y el pequeño orificio se transforma, para nuestros
ojos, en un amplio ventanal que nos permite ver todo lo que ocurre en la otra habitación. El
milagro se ha cumplido.
Salvando las naturales distancias, podríamos decir que los espejos mágicos actúan del mismo
modo. El tipo de "espejo" más conocido es indudablemente la bola de cristal..., si bien su uso y
su abuso por parte de falsos magos y adivinos de salón ha hecho que haya sido desacreditada en
muchas partes. Los espejos mágicos pueden ser de muchas clases: cristalinos, metálicos, incluso
de grafito; deben ser en general ovales, ligeramente cóncavos... aunque se aceptan multitud de
variantes. La misión de estos espejos frente al experimentador es, sencillamente, la de actuar
como órganos de condensación de la luz astral, la cual es luego controlada por el operador.
Esto, por supuesto, requiere una gran concentración por parte del mago, máxime cuando éste
desee proyectar su visión a través del pasado o del futuro. No basta con mirar atentamente el
espejo para que instantáneamente aparezcan allí las visiones que se deseen evocar: es precisa una
intensa preparación y una adecuación extrema para conseguir los efectos deseados. Como dice
muy bien Papús, los experimentos mágicos, aún los más ínfimos, exigen una gran tensión de
espíritu, una calma absoluta y, sobre todo, una persuasión profunda de las dificultades que
presenta la empresa acometida. Solamente a través de un adiestramiento prolongado y
progresivo puede una persona habituarse a la videncia a través de los espejos mágicos. Las
personas que, sentadas tras su bola de cristal iluminada, ven sin gran dificultad todo lo que su
cliente les pide, son en su mayor parte meros charlatanes.
La salida del cuerpo astral.
Si la videncia necesita únicamente de una gran concentración, la salida en cuerpo astral
necesita, al mismo tiempo, de un gran dominio sobre sí mismo y de una intensa preparación. Y
también de un gran valor... puesto que esta experiencia puede resultar sumamente peligrosa.
Para realizar este tipo de experiencias, el mago deberá permanecer siempre dentro del círculo
mágico de protección. En primer lugar, deberá purificarse en la forma habitual y realizar todos
los requisitos rituales previstos para ellas.
Después, podrá intentar la prueba. Una vez dentro del círculo, se tenderá en el suelo, en
posición norte-sur, con la cabeza hacia el norte. En esta posición intentará una relajación total
y absoluta de todos sus miembros, es decir, intentará una "enervación" tan total como sea
posible en su cuerpo.
Tras lo cual intentará, simplemente, elevarse por encima de su cuerpo. (en el tema de los viajes
astrales, encontrarán una técnica para posibilitar la salida del cuerpo astral).
Esto es difícil, pero tras una larga preparación y práctica es posible. Las primeras veces, el
neófito sentirá una especie de sensación desagradable en el momento en que desee terminar la
operación: esto es señal de éxito. Y este éxito podrá comprobarse cuando, tras un cierto tiempo
de entrenamiento, el operador intente, una vez fuera de su cuerpo, controlarse y dirigirse. El
método a seguir será como el que se efectúa con relación al cuerpo físico... y se verá que sirve
también con el cuerpo astral. Así, el mago aprenderá a moverse en cuerpo astral por el espacio...
Y más tarde, si sigue con sus experiencias, podrá aprender también a moverse astralmente
dentro de otro plano: el temporal. No se tratará aquí de un fenómeno de videncia, sino de una
verdadera exteriorización. El mago estará presenteen los lugares que visite, con lo que las
nociones de distancia y tiempo habrán desaparecido para él. La práctica continua y progresiva
de esta experiencia darán al mago un dominio absoluto sobre su cuerpo astral, convirtiéndole
en dueño de un elemento inapreciable: un mundo sin distancias, sin tiempo, pero tan real como
el que esta usted viviendo en estos momentos, a través del cual podrá ejercer todo su poder.
Pero cuidado: estos ensayos pueden ser también peligrosos. El mago deberá tener buen cuidado
en protegerse mediante el círculo y los pantáculos, ya que solamente ellos podrán garantizarle,
al final de su excursión, el regreso a su cuerpo. Cualquier fallo, cualquier imprevisión, podría
traer desagradables sorpresas: la de no volver a encontrar el cuerpo abandonado o, aún peor, la
de encontrar este cuerpo ocupado por otro ser astral, por un espíritu indeseable, dando lugar
así a una verdadera posesión corporal, tal y como entiende la Iglesia. ¿Ha ocurrido esto ya
alguna vez? Indudablemente sí, aunque, a este respecto, la Magia se muestre hermética...
La evocación de las fuerzas astrales
Pero el mago no debe contentarse únicamente con experimentar en sí mismo. Como dueño de
lo que le rodea, debe aprender también a dominarlo, a someterlo a su voluntad. Este es el
verdadero fin de la Magia.
Nos referimos, al hablar de todo ello, a las fuerzas astrales, a lo que hemos llamado los
"elementales"... a los espíritus que pueblan el plano astral. Entran aquí pues tanto los espíritus
buenos como los malignos, los espíritus a los que tradicionalmente llamaríamos ángeles y
demonios.
Dentro de este apartado pues forma parte también la demonología, con toda su secuela de
magia negra y pactos con el demonio (tema pactos y posesiones). Ahora nos interesa
únicamente hablar en líneas generales, ya que estamos hablando de la Alta Magia en general.
La evocación de las fuerzas astrales es uno de los actos mágico que necesita de un mayor
dominio personal por parte del mago, ya que no se trata solamente de provocar fuerzas sino de
dominarlas y luchar contra ellas. Muchas veces las fuerzas astrales, los "elementales", no
querrán doblegarse a nuestros deseos: es entonces cuando el mago deberá mostrar toda su
preparación y todo su poder... o sucumbir. No hay otra alternativa.
La evocación de las fuerzas astrales es el acto mágico que necesita, también, de una mayor
protección. El lugar donde se realice, incluso si se trata de un ocultum permanente, deberá ser
purificado a cada nueva operación. El círculo mágico, máxima protección contra las fuerzas
astrales, deberá ser trazado muy cuidadosamente, ya que cualquier error o imperfección puede
ser fatal. Si el círculo esta mal trazado, el mago lo notará inmediatamente a través de una
extraña y desapacible sensación: no debe entonces dudar ni un segundo; con la espada (todo
mago tiene una) trazará unos rápidos círculos a su alrededor, hendiendo el aire en torno suyo.
Notará inmediatamente unos débiles destellos en la extremidad de la espada... las fuerzas
astrales rechazadas. Sabrá, entonces, que ha vencido al peligro.
La espada y el bastón serán, en este acto, los principales elementos de acción del mago.
Mediante el bastón, y tras recitar el ritual de invocación, el mago atraerá hacia sí a las fuerzas
astrales, que mantendrá fuera del círculo de protección. Este acto entraña un peligro grande, ya
que si los elementales logran introducirse en el círculo protector pueden adueñarse parcial o
totalmente del mago, vampirizarlo, por así decirlo... de cuyos fenómenos hablaremos en otro
tema que titularemos el vampirismo.
Luego, una vez llamados los espíritus astrales y mantenidos a distancia suficiente, el mago
deberá aprender también a enviarlos de nuevo a su lugar de origen, rechazándolos con la espada
y con la fórmula de abjuración; sólo entonces renacerá la seguridad en torno suyo.
Hemos hablado hasta ahora, al citar la evocación de las fuerzas astrales, únicamente de su
llamada, de su mantenimiento bajo control y de su despido. Esta es la base de la evocación, lo
primero que debe aprender a dominar el mago. Más tarde, cuando su dominio y su control
sobre las fuerzas astrales sea absoluto, podrá intentar el dar otro paso hacia delante,
dominando a los elementales y obligándoles a servirle según sus deseos...
La acción sobre un tercero.
Entramos, en esta última finalidad concreta del acto mágico, en el dominio de los hechizos y
maleficios. Se trata, aquí, de uno de los actos más divulgados de la Magia, por ser una de las
finalidades mágicas que desde más antiguo se ha usado. Es, también, uno de los fines que se
presta a un mayor número de interpretaciones erróneas, ya que al hablar de él se roza siempre
este límite del que tanto debemos huir, el que separa a la Magia de la charlatanería.
Es preciso, por lo tanto, hablar con cuidado de él, separando de una forma bien clara todos
los elementos que entran en su constitución. Por eso y por falta de espacio es por lo cual
vamos a dejar este tema virgen para solo el disfrute de los ya iniciados.




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