sábado, 25 de junio de 2016

LOS FUNDAMENTOS DE LA ALTA MAGIA

LOS FUNDAMENTOS DE LA ALTA MAGIA
Entramos, a partir de este momento, en la magia como fenómeno. Pero cuidado: vamos a
hablar ahora de la verdadera Magia, de lo que se ha venido en llamar Alta Magia para
distinguirla de la otra, de la Baja Magia, esta última más conocida del público en general
porque es la formada por los curanderos, echadores de cartas, hechiceros y brujos... los que
buscan su lucro a través de ella.
Ahora vamos a hablar exclusivamente de la Magia en el más alto sentido de la palabra. Por eso,
nuestras afirmaciones tal vez sorprendan a muchos: ciertamente, vamos a establecer unas
nociones y a sentar unas bases que son muy poco conocidas por el público en general. Porque,
ya lo hemos dicho anteriormente (tema La Magia) la verdadera Magia es una doctrina
esotérica, oculta... y de ahí precisamente su otro nombre de ocultismo.
Los fundamentos de la Alta Magia.
La Alta Magia se fundamenta en la acción del hombre (el mago) sobre un plano superior, al
que nos hemos referido ya al hablar de los Reinos de la Magia: el plano astral. Como hemos
dicho ya en aquella ocasión, el acto mágico busca sus efectos actuando sobre este plano astral,
el cual, a través de la ley de las correspondencias, actúa como intermediario para conseguir el
fin material o espiritual propuesto.
El fin material o espiritual propuesto. ¿Cuáles son los fines que persigue realmente el mago a
través de su acto mágico? Si consultamos cualquier grimorio, encontraremos allí multitud de
fines, la mayor parte de ellos mucho más próximos a nosotros de lo que parecería en una
ciencia tan elevada: conseguir el engorde del ganado, el amor de una mujer, la fama y el
dinero... para todos estos fines, nos dicen los grimorios, hay formulas precisas, establecidas y
cualificadas, de muy seguro efecto, que basta recitar al pie de la letra para obtener
automáticamente los fines solicitados.
Desgraciadamente, la cosa no es tan sencilla como esto; de otro modo, la Magia sería un arte
tan asequible que podría llevarlo a cabo cualquier hijo de vecino. La mayoría de los grimorios
y demás libros de fórmulas mágicas (aun sin tener en cuenta el hecho de que la mayor parte de
los grimorios que han llegado a nuestras manos son copias y recopias, adulteraciones y hasta
falsificaciones de los originales) solamente nos señalan el cascarón vacío de lo que es la Magia,
la cubierta exterior formada por una serie de fórmulas que, en sí mismas, no significan nada.
Porque no todo es posible para la Magia, no todo es asequible. Hay, incluso para ella, cosas
que escapan por completo a su alcance.
Entonces, ¿la magia no es omnipotente? Quien piense en la posibilidad de una omnipotencia
de la Magia demuestra poseer una maravillosa ingenuidad. La Magia, ciertamente, es capaz de
hacer muchas cosas... pero existen siempre unos límites. Pedir a la Magia que convierta a un
elefante en una pulga, por ejemplo, es algo tan absurdo como pretender conseguir el amor de
una mujer recitando simplemente, a la luz de la luna, una "fórmula mágica" convenientemente
preparada, delante de un amuleto hecho con la lana de unas medias que haya llevado en alguna
ocasión la mujer amada. No, los fines del verdadero mago son mucho más concretos... y
mucho más reales.
Unos fines que podríamos resumir, sustancialmente, en cuatro: la videncia, la proyección del
cuerpo astral, la evocación de los entes astrales y, finalmente, la acción -a través del plano
astral- sobre un tercero.
Veamos un poco más detenidamente el alcance de cada una de estas cuatro finalidades, aunque
todas se definan ya suficientemente por sí mismas. La videncia - que ha sido en
parte capturada, si se nos permite la expresión, por la parapsicología- es la cualidad, obtenida a
través del acto mágico, que le permitirá al mago ver lo que ocurre en otras partes - lo cual
dentro de todo es relativamente fácil para la Magia- o lo que ocurre en el pasado y en el
futuro... lo cual es ya un poco más difícil.
La proyección del cuerpo astral (es decir, el abandono momentáneo y voluntario, por parte del
mago, de su cuerpo físico para entrar dentro del plano astral) es ya más difícil de conseguir... y
mucho más peligroso también, ya que desencadena una serie de fuerzas que muchas veces
pueden quedar fuera del control del mago, y lo sumergen en un mundo completamente
distinto e inhabitual para él.
La evocación de las fuerzas astrales (dentro de la cual hemos de incluir, aunque equivocado en
sus teorías, al espiritismo), permite al mago entrar en contacto con las fuerzas astrales,
llamadas también "los elementales" (entre otros) y usarlas incluso como mediadoras para sus
otros fines.
La acción sobre un tercero, finalmente, es la base sobre la que se asientan todos los maleficios
-aunque sus alcances puedan ser muy otros-, y su finalidad es actuar sobre otras personas o
grupos de personas... a través siempre, claro está, del plano astral, medio eterno a través del
cual se mueve (y empleamos la palabra mover en un sentido evidentemente figurado) toda la
acción del mago.
Estos son pues, en pocas palabras, los resultados que busca el practicante de Alta Magia al
realizar sus actos mágicos. Sin embargo, como ya hemos dicho varias veces en otras ocasiones,
estas finalidades no son, en suma, más que otro medio del que se vale el experimentador para
conseguir una nueva finalidad, superior y última, que es siempre el resultado final de la Magia:
la autoperfección del propio operador...
TeofrastoBombast von Hohenheim, más conocido como Paracelso. fue uno de los más
grandes magos conocidos, y sus trabajos alquímicos son tan conocidos como sus avances en
medicina, en la que fue un precursor del magnetismo animal y uno de los maestros en que
Mesmer basó su doctrina, así como uno de los primeros estudiosos de lo que después sería la
homeopatía.
Entramos, a partir de este momento, en la magia como fenómeno. Pero cuidado: vamos a
hablar ahora de la verdadera Magia, de lo que se ha venido en llamar Alta Magia para
distinguirla de la otra, de la Baja Magia, esta última más conocida del público en general
porque es la formada por los curanderos, echadores de cartas, hechiceros y brujos... los que
buscan su lucro a través de ella.
Ahora vamos a hablar exclusivamente de la Magia en el más alto sentido de la palabra. Por eso,
nuestras afirmaciones tal vez sorprendan a muchos: ciertamente, vamos a establecer unas
nociones y a sentar unas bases que son muy poco conocidas por el público en general. Porque,
ya lo hemos dicho anteriormente (tema La Magia) la verdadera Magia es una doctrina
esotérica, oculta... y de ahí precisamente su otro nombre de ocultismo.
CorneliusAgrippa de Nettesheim, doctor en derecho y medicina, participante en el Concilio
de Pisa, historiador oficial de Carlos V, fue uno de los principales propagadores de la Cábala, a
través de la cual, según sus palabras, es posible "comunicarse con las fuerzas del plano superior
para dominar a las del plano inferior"
El acto mágico.
La base en que se sustenta toda la Magia es el acto mágico. Y, al llegar al acto mágico,
tropezamos con una de las ceremonias más esotéricas que existen... ya que el real acto mágico
debe ser realizado individualmente, en la soledad. Ningún curioso, ninguna clase de público, ha
asistido jamás a una verdadera ceremonia mágica: un mago no puede hacer un espectáculo de su
ritual, ya que entonces su fracaso sería absoluto... puesto que el acto mágico exige una profunda
concentración.
Es por eso por lo que los rituales mágicos apenas son conocidos, y todos los conocidos no son
verdaderos rituales mágicos. Ya que, si bien el mago puede trabajar en algunas ocasiones y
siempre que lo crea necesario con la colaboración de un auxiliar o médium, es desaconsejable el
que varios magos trabajen juntos, en colaboración. Pueden, si lo desean, buscar conjuntamente
una misma finalidad, trabajar siguiendo los mismos rituales y con los mismos medios, a la
misma hora del día, bajo idénticas circunstancias... pero no en el mismo sitio. Soledad,
aislamiento: estas son las características básicas que requiere el acto mágico.
Así pues, y dentro de lo que nos permiten los conocimientos que de él poseemos, es decir,
dentro de lo que de él ha trascendido al público, vamos a hablar del acto mágico. Pero, para
hacerlo, deberemos referirnos primero a su principal y único protagonista: el mago. Él es la
base de todo acto y todo ritual mágico, sacerdote, sujeto, y objeto a la vez.
Surge con ello la pregunta inicial: ¿puede cualquiera ser el oficiante de una ceremonia mágica,
con sólo conocer y seguir el ritual? ¿Puede cualquiera, en otras palabras, ser mago?Cornelius Agrippa de Nettesheim, doctor en derecho y medicina, participante en el Concilio
de Pisa, historiador oficial de Carlos V, fue uno de los principales propagadores de la Cábala, a
través de la cual, según sus palabras, es posible "comunicarse con las fuerzas del plano superior
para dominar a las del plano inferior"
La iniciación.
La respuesta es rápida y tajante: no. La negativa se halla ya en una de las condiciones básicas
de la Magia: la necesidad de una iniciación. Iniciación que aquí, al hablar del acto mágico,
debemos entender en el sentido de preparación. Cualquier persona no puede ser mago... a
menos que sea antes preparada e iniciada. Porque, para poder actuar mágicamente sobre las
fuerzas de la naturaleza, el hombre ha de ser antes lo suficientemente dueño de si mismo
como para saber dominarse y sobreponerse a su propio cuerpo. Esto muy pocas personas
saben hacerlo, a menos que se dediquen a una larga preparación. Como dice Eliphas Levi, "el
mago debe ser impasible, sobrio, desinteresado, impenetrable e inaccesible a toda especie de
prejuicio o de terror. No debe tener defectos corporales, y debe estar a prueba de
contradicciones y aflicciones. La primera y más importante de todas las obras mágicas es la
de llegar a esta rara superioridad".
El hombre, pues, debe prepararse desde mucho tiempo atrás para la Magia. Y debe hacerlo
en cuerpo y mente. No es demasiado difícil: es solamente cuestión de buscar un método. Si
existe una gimnasia para moldear y perfeccionar el cuerpo, cabe preguntarse, ¿por qué no ha
de existir una gimnasia que nos sirva para moldear y perfeccionar el espíritu?
Para adquirir el poder mágico, dice Eliphas Levi, hacen falta dos cosas: desprender de la
voluntad todo servilismo, y ejercer un dominio absoluto sobre ella. Es por eso que, en la
iniciación del mago, entran en gran escala las disciplinas de la educación mental y
psicológica. "El mago enamorado -dice Levi-, glotón, colérico, perezoso, son
monstruosidades imposibles. El mago piensa y quiere; no ama nada con deseo; no rechaza
nada con pasión: la palabra pasión representa un estado pasivo, y el mago siempre está activo
y siempre victorioso. Lo más difícil en la Alta Magia es llegar a esta realización. Así, cuando
el mago se ha creado a sí mismo, ha cumplido la gran obra, por lo menos en su instrumento
y en su causa."
Pero la iniciación, así, es larga y dura. En realidad, todas las iniciaciones son largas y duras.
Desde los más remotos tiempos, las sectas iniciáticas han pedido mucho a sus adeptos:
sacrificios, esfuerzos, valor. Pitágoras pedía a sus discípulos que se condenaran a un riguroso
silencio de muchos años. Es tan preciso cuidar el cuerpo como la mente.
Mejor dicho, es preciso cuidar a los tres cuerpos. Porque, para la Magia, el hombre tiene tres
cuerpos: el cuerpo físico, el cuerpo astral y el cuerpo espiritual.
Joseph Balsamo-Bacconieri, más conocido, por el nombre de su madrina, como el Conde de
Cagliostro. Mago, profeta, vidente, sus extraordinarias y misteriosas dotes le llevaron a
numerosas dificultades, que terminaron con su condena de por vida en el Castillo de León.
Los tres cuerpos de la Cábala.
La Cábala es la base de toda la Alta Magia actual. Según la Cábala, el Universo se descompone
en tres planos o "mundos": el físico, el celeste o astral, y el espiritual. Siguiendo la ley de las
correspondencias, el Universo y el Hombre (el Macrocosmos y el Microcosmos), dentro de sus
mundos respectivos, son correspondientes entre sí punto por punto; en consecuencia, el
hombre estará también compuesto por tres partes o "cuerpos": un cuerpo físico, un cuerpo
astral y un cuerpo espiritual. El cuerpo astral actúa, aquí como una especie de plano medio,
como un intermediario entre el cuerpo físico y el espiritual: se trata del medio o trampolín
utilizado por el mago para catapultarse hacia sus fines, ya sean espirituales o materiales. Es,
esencialmente, el medio mágico.
Esta división cabalística del cuerpo humano en otros tres "cuerpos" parece ir en contra de lo
que nos enseña la fisiología... aunque sólo aparentemente. La "fisiología mágica" (es decir, la
que acepta y sigue el mago) nos presenta una división del cuerpo humano en sus tres partes,
vista desde el punto de vista fisiológico, completamente exacta y definida. Para el mago, el
cuerpo humano tiene también, fisiológicamente, tres segmentos: tres departamentos, tres
modalidades podríamos decir, cada una de ellas abocada a una función específica. En la parte
inferior tenemos el vientre o abdomen, a través del cual se realizan todas las funciones
corporales de la alimentación material del cuerpo, por lo que los magos le dan el nombre de
"fábrica de la materia". Ascendiendo en el cuerpo, encontramos un segundo departamento: el
pecho o tórax, a través del cual se realizan las funciones de la respiración y de la circulación
sanguínea, que son las que mantienen la energía del cuerpo; la magia llama a esta parte la
"fábrica de la vitalidad". Finalmente, en la parte superior, se halla la cabeza, que a través del
cerebro regula todas las funciones del cuerpo, y constituye el eje de la inteligencia volitiva; el
ocultismo le da el nombre de "fábrica de la fuerza nerviosa".
Estas tres partes o "fábricas" constituyen los equivalentes orgánicos de los tres "cuerpos" del
cuerpo humano. El vientre corresponde, como fábrica de la materia, al cuerpo físico; el pecho,
como fábrica de la vitalidad, se correlaciona con el cuerpo astral; la cabeza, finalmente, como
fábrica de la fuerza nerviosa y de la inteligencia, es el equivalente al cuerpo espiritual.
Esta división del cuerpo humano en tres partes tiene suma importancia para la Magia. La
finalidad que busca el mago con sus ceremonias es actuar, a través de su poder especial, sobre la
naturaleza. Para ello deberá utilizar, en primer lugar, la mente. Pero la mente está sujeta al
cuerpo, y el lazo de unión entre mente y cuerpo es el sistema nervioso. Y el sistema nervioso
depende en gran parte de la circulación sanguínea, la cual, a su vez, depende de la naturaleza,
calidad y cantidad de los alimentos que ingerimos. Los tres cuerpos, pues, están íntimamente
ligados entre sí, y el futuro mago debe tener buen cuidado en educar y cuidar todos ellos a fin
de conseguir una perfecta coordinación, subordinada a su voluntad. El mago debe ser, en todo
momento, dueño absoluto de sus tres cuerpos, de sus tres entidades. El hombre común no lo es
nunca. Muchas veces hemos sentido, ante una circunstancia poco usual, diversas
manifestaciones incontroladas: una desasosegada sensación en el vientre, una opresión en el
pecho, una tirantez en cabeza. Algunos de los tres cuerpos, o dos de ellos, o los tres a la vez,
reaccionaban por su cuenta ante las circunstancias, estaban fuera de control.
Esto es algo que el mago nunca debe permitir que ocurra. Los métodos para educar estos
cuerpos son pues uno de los objetivos primordiales de toda iniciación mágica... y también de
toda la vida posterior del mago, ya que en realidad la iniciación no termina nunca, y la
"profesión de mago" no es más que un constante autoperfeccionamiento que no se acaba
nunca en la vida terrenal.
El macrocosmos (el Universo) y el Microcosmos (el Hombre) están estrechamente ligados en
sus relaciones.

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